jueves, 26 de abril de 2012

Marketing Marketing, Malkovich Malkovich

La entrada anterior la escribí tarde y mal. Lo que pretendía decir es que cuando el Marketing entró en la cultura, todo se vino abajo. El Marketing debió quedarse en el ámbito del consumo de bienes elementales, básicos, del día a día. El consumo de masas con ese diablo mentiroso llamado publicidad que enturbia nuestras mentes y nos "invita" a adquirir artículos que no necesitamos. El Marketing que aquí, aquí, aquí y aquí explican tan bien. Gracias, Sr Freud, por esa descendencia tan maja, oye. El veneno que inoculó a la sociedad y acabó convirtiéndola en sociedad de consumo. 



Y entonces el Marketing entró en la industria cultural, y ahí es donde se fraguó el desastre. Que si mi música no tiene un público, que si dónde está el target para ese libro que has sacado, que si hay que poner ese libro en la sección caliente de la librería... ¿Sección caliente? ¿Compra impulso? En serio, señores, abandonemos ya esta rueda absurda de colocar las cosas del arte como si fueran conservas, patatas, gominolas con fragancias atrayentes. ¿No saben cómo llegar al público? Es que no hay que llegar al público. Es al revés: educa al público y el público irá hacia lo que sea que haya disponible: discos de Schönberg, de reggaetón, de Mercury Rev, libros de Cornelia Funke, de Benjamin, de autoayuda. Lo que sea.

Por si quedaban dudas, sí, odio el Marketing.

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