viernes, 8 de enero de 2010


Otto sueña con islas de las que hay que escapar remando en canoa contra corriente, acompañado de salmones azules que nadan al revés de su revés y réplicas muy exactas de sus hermanos susurrando: -“Salta, salta, si no pasa nada”.
Luego las aguas se calman y de repente el abismo. Catarata de tamaño descomunal. Mi hermano y colegas suyos abajo, a cientos de metros: -"Venga, salta, que es genial, no tengas miedo". Y Otto que se queda atisbando el vacío y piensa y repiensa. Todo muy azul, con una naturaleza como de Max Ernst y algo de esta peli.
Otto salta y el Otto que sueña se pone al lado del Oto que salta y lo observa como cae. Soy como una steady-cam pegada a mí mismo. Mola pero no. Y entonces chof, catachof, requetecatachof. Me hundo, rozo la arena del fondo con los pies y mientras subo a hinchar los pulmones veo a varios tipos con turbante encantando a serpientes bajo el agua, serpientes que son cuerdas que son serpientes. Y no se inmutan mientras yo asciendo hasta la superficie. Otto logra respirar, nada hacia donde está su hermano y fin.

Nota 1: Otto no se droga, pero ayer mezcló vinos.

Nota 2: Si alguien ha soñado algo similar, que me llame. O mejor no.

Nota 2: Si alguien tiene el síndrome steady-cam, que me llame. Tengo la patente.

Nota 3: Si alguien ha leído a Freud, que deje de leer este blog ya.

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